Categoría: EN LO POLÍTICO
Por Gabriela Amorín
Hace pocos días conversaba con un amigo sobre si Venezuela puede considerarse o no un Estado fallido. Lo cierto es que para entrar dentro de esta vergonzosa categoría (haciendo una síntesis de la teoría de Max Weber y el concepto del Centro de Estudio Fund for Peace) el estado debe ser un fracaso absoluto en todas sus variables; un gobierno débil, con una legitimidad erosionada para tomar decisiones, la pérdida del control del territorio, así como del monopolio del uso legítimo de la fuerza; imposibilidad para suministrar servicios básicos… en fin, se trata de un estado que posee un gobierno débil, con poca o ninguna legitimidad, sin una autoridad unificada, con escasos o ningún servicio, altos niveles de corrupción, criminalidad, burocracia, refugiados, desplazados, con una gran depresión económica, un enorme mercado informal, sistema judicial de adorno, interferencia del poder militar en la vida política, presencia de grupos terroristas o paramilitares en el territorio y absoluta decadencia de las instituciones. A buen entendedor, pocas palabras. Ya sabrán, a qué conclusión llegamos.
Convertir a Venezuela en un Estado Fallido es parte de la estrategia de este régimen para convertirnos en seres absolutamente dependientes de ellos, sumisos, ignorantes, indefensos. Lo que por un lado resulta una nación fracasada, por otro lado se estaba traduciendo en un gobierno infinitamente poderoso, y hablo en pasado porque de eso se trata lo que quiero analizar.
El efecto Maduro ha hecho pensar, incluso a mucha gente de la oposición, que Chávez no lo había hecho tan mal; se les olvida que lo que estamos viviendo hoy no es otra cosa que la herencia de Chávez. Hugo le dejó a Nicolás un país hecho trizas, un Estado fallido pero un gobierno infinitamente poderoso y con un control absoluto en casi todos los ámbitos; Nicolás está hundiéndonos más en el fracaso como nación e incluso destruyendo el poder que Chávez había conquistado.
Para alcanzar el poder absoluto, habían conseguido, hasta la era de Chávez, el control electoral, político, mediático, económico, institucional casi absolutamente, y estaban haciendo los preparativos para culminar su “obra maestra” con la dominación absoluta de los ciudadanos, consolidando el Estado Comunal.
Chávez se empecinó, desde muy temprano, en ir contra los medios de comunicación, directa o indirectamente. El cierre de RCTV y, posteriormente, de varias emisoras radiales, para convertirlas en estaciones rodilla en tierra. Contra Venevisión y Televen no han tenido que atentar directamente, la presión y los intereses políticos los han puesto de rodillas sin el más mínimo esfuerzo del gobierno. Globovisión, perseguido durante años, atacado directa e indirectamente, finalmente ha perdido la batalla.
Esta hegemonía comunicacional ha perdurado hasta la era post Chávez, aunque cada vez se hace más difícil, para aquellos sectores “neutros”, mantener esa neutralidad ante los desastres de Nicolás.
Es bien sabido que las más altas esferas de la violencia en el país y los más terribles grupos armados son controlados por personeros del gobierno, y en eso sí han sido absolutamente eficientes. Han hecho una cuidadosa repartición de las cuotas de violencia para lograr el control de la población, sobre todo de aquellos que adversamos al proceso. ¿No es acaso un cuasi toque de queda lo que vivimos los venezolanos a causa del hampa? Tenemos horarios de salida, entrada, estrategias, rutas, zonas transitables, etc., ¿es casual que el alumbrado público no funcione? ¿Después de 14 años, el gobierno desconoce cuáles fuerzas policiales y/o militares están involucradas en actividades ilícitas? ¿Creen ustedes que a un régimen militar como el que hoy tenemos que soportar, con todo su poder, todos sus recursos, toda su influencia, le sería difícil derrotar a la delincuencia? Sería como quitarle un dulce a un niño, pero si lo hicieran, tendrían que atentar contra ellos mismos.
Una de las cuotas de violencia se le ha dado a los privados de libertad en las cárceles, (si es que se pueden llamar así). El teatro que monta el gobierno en relación al tema de la situación carcelaria es, sin duda, merecedor de un Oscar. Otra cuota de poder la tienen los grupos paralelos, que no son más que paramilitares del partido de gobierno PSUV y que junto con la milicia, forman el brazo armado del gobierno para controlar a los ciudadanos, o por medio de la amenaza y la violencia relacionada con temas políticos, o mediante la delincuencia común u organizada. La última cuota, la oficial, le pertenece al Estado, el Ejercito y fuerzas policiales, los cuales no cumplen sus funciones propias y constitucionales… aquí sólo existe la justicia revolucionaria; ya sabrán cómo es eso.
Esa es sin duda una forma de control. Pero había una que preocupaba más a Chávez y de haberse implementado, habría sido la guinda del helado, habría conseguido el poder absoluto. El Estado Comunal no es otra cosa que una herramienta de control de la ciudadanía a través de medios “legítimos”. Si para Chávez esto representó un reto y le estaba siendo difícil implementarlo, para Maduro será una causa perdida.
Chávez logró acaparar para sí todo el poder económico de la Nación. Estatizo las principales compañías del país, expropió, invadió, ahuyentó la inversión extranjera, obligó a empresas a cerrar sus puertas, intensificó, como forma de gobierno, los negocios ilícitos con grupos irregulares y utilizó el petróleo como su caja chica para estructurar sus planes.
Maduro heredó todo este poder económico pero también las deudas y consecuencias de la ambición de poder, con las cuales le está costando muchísimo lidiar, al punto de haber tenido que devaluar y hacer ajustes económicos incómodos que aunados a su inestabilidad política y poca popularidad, son difíciles de justificar. Actualmente se ha visto obligado a negociar con la empresa privada para alivianar el desabastecimiento. Él sabe que está metido en camisa de once varas y que no va a poder echarle la culpa a nadie más.
Chávez logró arropar a todas las instituciones del país bajo el manto rojo revolucionario. El Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía, el Ejército, la Defensoría del Pueblo, Conatel, Corpoelec, PDVSA, entre otras. Era parte de su plan hacerse de todos los sectores poderosos del país para asegurar el control absoluto de todos los aspectos, evitar saboteos, construirse una justicia a su medida y reducir el rango de error. Él fortaleció su poder al tiempo que destruía al país.
Para Nicolás ha sido difícil mantener esto. Aunque todas estas instituciones siguen siendo rojas rojitas, ahora se encuentran bajo la mirada crítica y desconfiada del pueblo, y ante un país que se está cayendo a pedazos porque nunca fue importante resolver los problemas, sino acaparar el poder. Chávez logró mantener las apariencias o correr la arruga, porque sí era un líder (para bien o para mal) con una insólita capacidad para mover a las masas y persuadir a prácticamente cualquiera; todo de lo cual Nicolás carece. Además debemos recordar que la ilegitimidad de Maduro viene mucho antes de las elecciones, por una sentencia del TSJ muy cuestionada.
Finalmente el gobierno de Nicolás intenta continuar el plan de Chávez y atenta contra otra la última institución del Estado que no era absolutamente roja rojita. La Asamblea Nacional. La falta de carisma y liderazgo lleva, sin duda, al uso de la violencia y la represión, herramienta que Chávez utilizó con sumo cuidado porque sabía que esto podía poner en riesgo su legitimidad y su máscara de demócrata. Nicolás no lo logró, la máscara le queda grande. Intentan disolver el Parlamento, pero quedaron en evidencia ante los venezolanos y el mundo entero.
Para la Revolución, el Consejo Nacional Electoral ha sido prácticamente un apéndice. Recordemos que para mantener el poder es necesaria la legitimidad que los votos dan a quien ha sido nombrado para un cargo popular. Sin esta legitimidad difícilmente el gobierno revolucionario hubiese alcanzado tantos años. La situación electoral, aunque nunca fue muy distinta de la actual, (recordemos que el CNE de Chávez es el mismo que el actual), por alguna razón, jamás se tuvo el coraje de poner en duda, púbicamente, unos resultados. Nicolás da inicio a su gobierno con una ilegitimidad que ya venía arrastrando y que se consolida el 14 de abril con una victoria pírrica. Esto prendió las alarmas en todo el país y el mundo entero.
Son bien sabidos los negocios de la Revolución con el mundo para conseguir el apoyo internacional. Chávez mostraba al mundo, no sólo su chequera, sino una fachada de un demócrata muy difícil de destruir, porque visto desde afuera, todo parecía perfectamente en orden. Chávez obtuvo lo que parecían grandes victorias electorales, celebraba decenas de elecciones, hablaba de inclusión, participación, hizo misiones para el pueblo, era admirado por millones de venezolanos… resultaba muy difícil para la comunidad internacional deslegitimarlo.
Nicolás Maduro, antes de ser presidente “electo”, ya era ilegítimo. Las mentiras lo hicieron ilegítimo, la sentencia fraudulenta del TSJ lo hizo ilegítimo, su nombramiento como presidente encargado y su postulación como candidato, lo hicieron ilegítimo y, finalmente el 14 de abril, las elecciones fraudulentas, luego su proclamación y juramentación, terminaron de arroparlo de una absoluta e indudable ilegitimidad que cada día que transcurre, cada arbitrariedad que comete, sólo logran hundirlo más y más. Esto es, sin duda, difícil de sostener para la comunidad internacional sin dañar su imagen dentro de su propio país, razón por la cual hemos visto pronunciamientos, (aunque muy sutiles) de sectores extramuros que nunca se habían visto. Los pueblos no verán con buenos ojos que sus gobiernos apoyen y respalden gobiernos ilegítimos y totalitarios.
Lograda la casi absoluta dominación de las instituciones, del poder electoral y de la opinión internacional, ganarle una batalla política a Chávez era casi imposible. En apariencia, era legítimo y gozaba, además, de una mayoría abrumadora a la cual era muy difícil enfrentar. Por otro lado, conseguía aglutinar a todos los miembros de su partido y seguidores de una forma casi religiosa tras una lealtad absoluta.
En el caso de Nicolás, la batalla política la perdió el 14 de abril. Hoy en día, ponemos en duda quiénes lo apoyan internacionalmente. Las instituciones han dejado ver sus costuras y ni siquiera a la gente de su propio partido y su gabinete de gobierno, logra aglutinar. El respeto y la lealtad que le tenían a Chávez, no existe con Maduro. Las divisiones internas son evidentes e inminentes. Venezuela perdió esa sensación de que la mayoría estaba con la Revolución.
El régimen, (el de Chávez), siempre persiguió la dominación de absolutamente todos los sectores del país. Atacaron a los medios de comunicación hasta lograr la hegemonía comunicacional. Atacaron a las empresas privadas hasta hacerse de todos los recursos del país y prácticamente todos los sectores productivos. La corrupción y los intereses han invadido las instituciones de la república, hasta volverlas a todas rojas rojitas sin esperanza alguna.
Hace años en Venezuela se vive una crisis social, económica y política. Hace años la vida de los ciudadanos se ha transformado en supervivencia y los contratos sociales han ido a parar a la basura, para dar paso a la ley del más apto. Chávez no garantizaba la estabilidad del país, sólo garantizaba la permanecía y el poder de la Revolución. Nicolás tampoco garantiza la estabilidad del país, pero ni siquiera asegura la estabilidad del propio gobierno revolucionario. Nos ha sumido en una crisis política aún más crítica, al borde de un estallido social que, aunado la terrible situación económica y social, son una bomba de tiempo.
Chávez lograba lidiar con grandes problemas del país porque gozaba de legitimidad, apoyo, poder, popularidad y, sobretodo, de liderazgo. Sus excesos siempre eran justificados y apoyados por una “mayoría” difícil de negar.
Maduro recibe una herencia llena de deudas y dificultades, apta sólo para un personaje con el carisma de Chávez. Nicolás carece de legitimidad, de apoyo, de popularidad, de poder, pero sobretodo carece de liderazgo. Nicolás recibió una herencia muy incómoda. Va a terminar de destruir al país y al mismo tiempo la Revolución… lo peor del caso es que en las páginas de la historia sólo habrá un culpable.
Última actualización el Lunes, 20 Mayo 2013 17:16
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Por Jorge Flores Riofrio
Mario Vargas Llosa en 1990, hablo en un foro de intelectuales Mexicanos, sobre las dictaduras militares Latinoamericanas y sobre la hegemo
nía del PRI (Partido Revolucionario Institucional) en México, afirmando algo que quedo grabado en la historia democrática de nuestros países, “México es la dictadura perfecta”.
El escritor peruano, premio nobel de literatura, afirmó esa frase, analizando el actuar del partido gobernante mexicano, que por medio de su poder sedujo a intelectuales y creó un ambiente “democrático” que mostraba una pluralidad ambigua, donde siempre sus políticos eran los vencedores y salvadores de la patria. Vargas Llosa explicó en esa oportunidad, que todas las dictaduras habían querido lograr lo que el PRI logro en México, pero no habían podido alcanzar su cometido. Creo que lo dicho por el intelectual sobre el país centroamericano, se queda pequeño en comparación con lo ocurrido en Venezuela.
Durante los últimos catorce años, la política venezolana giró en torno a la figura de Hugo Chávez, su carisma y su liderazgo, fueron tan influyentes, que logró hacer que todos los poderes Públicos en Venezuela, estuvieran a su merced, mientras los aplausos del pueblo aprobaban los decretos que le daban más poder. Su gobierno fue un ejemplo, de la demagogia que describe Platón en su libro “La República”, donde un hombre por medio de emocionalismos, persuade a una nación a obedecerle, convirtiéndolo en su salvador. La demagogia es una forma de gobierno que convierte a una persona, en alguien indispensable para un pueblo, que gustosamente hace lo que su líder le pide, sin importarle las consecuencias.
¡La demagogia es la dictadura perfecta!, aquí en Venezuela se pudo establecer y hacerse palpable. Hugo Chávez, fue sin duda, el hombre con más poder de Venezuela en lo que ha sido el siglo XXI, logró convertirse en la figura irremplazable para muchos de sus seguidores, que le amaron y le obedecieron con pasión fanática, sin embargo, su legado, su ideología, su socialismo bolivariano, es probable que no sobreviva en la práctica, puesto que su liderazgo no fue heredado por sus sucesores, demostrando que su plan de gobierno, sólo estaba sustentado por su carisma.
Al momento de morir, su sucesor, Nicolás Maduro, heredo la hegemonía del líder de la revolución y la estima de muchos de sus simpatizantes, se le colocó en sus manos a “La dictadura perfecta”, para que hiciera trascender los ideales del difunto “comandante presidente”. Al parecer ha fallado en su cometido y ha desperdiciado la oportunidad de trasmitir el legado, que Hugo Chávez quiso dejar para Venezuela.
Nicolás Maduro fue un pésimo candidato, evidenció la fragilidad del “chavismo”, puesto que no puedo establecer políticas efectivas, que suplieran el gran carisma de Chávez. Ahora con las elecciones del pasado 14 de abril, donde ganó por la mínima, con una diferencia que no llega a los trescientos mil votos, el Chavismo entra en una crisis, que desmorona la dictadura perfecta, piedra a piedra, bloque a bloque, mientras dentro del PSUV se evalúa, el porqué de su victoria con sabor a derrota.
Nicolás Maduro no fue el mejor sucesor, es una muestra de un defecto del liderazgo de Chávez, quien colocaba a las personas en puestos de gobierno, más que por capacidad, por estima y confianza. Pudo haber colocado a Arias Cárdenas por ejemplo, pero eligió a un hombre con poco carisma, que se adecuaba mejor a los ideales que había adoptado, hizo su heredero, a un radical comunista, con profundos pensamientos maoístas, relacionado con los Castros de Cuba, desde hacía años.
La crisis del Chavismo, no es más que la consecuencia natural del desgaste de la demagogia explicada por Platón, que se centra exclusivamente en la imagen de un hombre, que al perder la conexión emocional con las personas, pierde su poder, obligando a quienes ejercen el gobierno, ha adoptar la tiranía como la practica necesaria para sobrevivir en el mando. Sin el poder que da la popularidad, la única forma de mantenerse, es por medio dela represión.
¡Chao dictadura perfecta, hola dictadura vulgar! Al menos que como venezolanos, defendamos los valores democráticos y hagamos lo necesario, para obligar a los futuros tiranos, a retirarse para siempre de Miraflores.
Última actualización el Domingo, 19 Mayo 2013 23:50
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Por Fabiana Crisci
No hay que ser analista político para darse cuenta que el “gobierno” de Nicolás Maduro es un completo fracaso; el desconcierto y el desconocimiento de la cantidad de problemas que presenta el país es el principal factor para verlo así. La muerte de Chávez dejó en Venezuela una total crisis política y económica que ninguno de quienes ocupan hoy los cargos públicos han podido sobrellevar. La situación inviable en la que hoy nos colocan deja ver la poca capacidad para el manejo, tanto de las instituciones, como del Estado.
La aplicación de políticas eficaces que den una solución inmediata de los problemas, es el pilar fundamental para encaminar el país. En este caso -con el asesoramiento cubano- se agrava, pues si no se tiene comprensión de la problemática es imposible buscar soluciones.
Tampoco hay que analizar a fondo para darse cuenta que estamos ante un “gobierno” basado en la mentira; en cada uno de sus discursos mienten y se burlan de los venezolanos. Estamos ante un país que se cae a pedazos, con los mismos problemas de hace muchos años y que cada vez se hacen más recurrentes.
No sólo ha sido la ineficiencia ante problemas lo que ha ido desmoronando al Gobierno, también sus repetidos errores políticos y esa postura “radical” ante las acciones de la oposición. Aunque en un momento fué Chávez quien marcó la ruta de quienes le adversaban, hoy son nuestros dirigentes quienes le marcan el camino a Maduro “y su combo”.
Y por supuesto, si lo hacemos de forma detallada, son muchísimos los errores; es el caso de las cadenas, ¿por qué hacerlo justo en el momento que hablaba Capriles?; es el caso de su discurso, defenderse por las declaraciones del adversario no es precisamente la mejor estrategia política; la injusta encarcelación del General Rivero y los ataques a los diputados de la oposición, dando un resultado contrario a lo que pretendían reflejar, y así son muchísimos.
Sus acciones erradas han hecho que las bases del Gobierno se quebranten, pero también han llevado a la oposición a uno de sus mejores momentos; si bien es una lucha que se ha venido batallando con mucho esfuerzo, en mucho han colaborado las últimas gestiones gubernamentales.
Y cuando me refiero a que han “colaborado” con la oposición, no puedo dejar de hacer referencia a los ojos internacionales. Sí, los dirigentes han hecho un reconocidísimo trabajo, pero hay que destacar que las “patrañas” de Maduro y el CNE nos han ayudado. El engaño a Unasur por parte de la señora Tibisay Lucena logró encender las alarmas en la comunidad internacional y dejar en entredicho el tema de la auditoría y el robo electoral.
La imagen que hoy el mundo tiene de Venezuela es la correcta, un gobierno fracasado y una oposición recia que no se rinde. Y aunque muchos están atados a costa de las regalías del petróleo, no dudo que las instancias internacionales colaboren en la búsqueda de una salida a la crisis política, pues ya para nadie es un secreto que las bases de este gobierno se quebraron hace tiempo.
@Fabiana_Crisci
Última actualización el Lunes, 13 Mayo 2013 01:53
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Por Valentina Issa
Lo que Chávez dejó atrás
Generalizadamente el narcisismo tiene mala fama. De entrada a nadie le gusta la idea de relacionarse con personas que muestren exagerados aires de grandeza y amor ciego por el espejo; los egocéntricos en términos abstractos le caen mal a todo el mundo. Pero lo cierto es que, tal y como lo reconocen los teóricos y estudiosos de la psicología y el psicoanálisis, todos los seres humanos tenemos (casi instintivamente) algún grado de narcisismo, y (prepárense…), buena parte los líderes políticos y espirituales (por no decir prácticamente todos) que inspiran al mundo y ponen a soñar a la gente con su visión de futuro, son de personalidad narcisista. Y es que las personalidades narcisistas tienen características y fortalezas útiles e incluso necesarias, por ejemplo, extraordinaria visión, creatividad innovadora, y habilidad para atraer seguidores y partidarios a través de la palabra (y de una personalidad aparentemente carismática y arrolladora).[1] Sin embargo, la mala reputación del narcisismo no es un estereotipo injustificado ni es en vano. El liderazgo narcisista de su cuenta y mal orientado tiene muchos riesgos, sobre todo cuando de él dependen naciones y sociedades enteras.
Antes de continuar, vale la pena caracterizar al liderazgo y la personalidad narcisistas. En términos muy sencillos (y que no buscan adentrarse en análisis psicológico profundo de este complejo tipo de personalidad), los narcisistas son personas con claros aires de grandiosidad y auto-importancia. Se consideran a sí mismos únicos, especiales y superiores, y por lo tanto merecedores de atenciones, tratos exclusivos y beneficios. Son sumamente sensibles a la crítica y reacios a revisar su proceder y sus emociones. Toman riesgos y apuestan sin reservas a su visión innovadora, son sumamente competitivos, y en posiciones de liderazgo tienden más a la instrucción que a la enseñanza de sus seguidores. Son inspiradores, persuasivos y desarrollan un fuerte magnetismo, pero carecen de capacidad para empatizar con los sentimientos de los demás.
Todas estas características generan en ellos una serie de necesidades que dependiendo del grado de narcisismo (y su capacidad de controlarlo) son más o menos urgentes, pero lo cierto es que para los narcisistas la admiración y el reconocimiento de los otros son como el aire que respiran, viven de ellos.
Narcisismo Productivo Vs. Narcisismo Improductivo

Ya mencionamos que las personalidades narcisistas tienen importantes potencialidades. Históricamente han sido impulsoras de grandes cambios e innovaciones de la humanidad y cuando son sanas, bien conducidas y productivas son capaces de dejar tras su actuar un legado evidenciable y útil para muchos.
Pero como dos caras de una misma moneda, pueden tener un lado oscuro y riesgoso: la baja tolerancia a la crítica puede devenir en un estado permanente de auto-defensa, paranoia, y llevar a los líderes narcisos a considerar a cualquier miembro de su equipo o seguidor con pensamiento independiente una amenaza o un problema; su falta de empatía hacia los demás puede convertirse en habilidad aguda para detectar de quién pueden valerse y a quién pueden utilizar para satisfacer sus propios objetivos; su incapacidad para enseñar o formar a otros los aísla y los hace desconfiados e indispensables (alimentando más aún su narcisismo); su marcada competitividad casi siempre ocasiona competitividad interna negativa en las organizaciones que conducen, donde la sobrevivencia depende de estar o no de acuerdo con el líder; y su carisma y habilidad para amasar seguidores puede hacer que se crean invencibles. Con la simpatía de sus seguidores no sienten la necesidad de escuchar a nadie y no consideran importante convencer a quienes están en desacuerdo con su visión.
Caer en estos extremos es muy seductor para un narcisista y es el riesgo de su liderazgo. Lo cierto es que el narcisista productivo utiliza su personalidad como un medio para alcanzar metas que finalmente benefician a muchos, mientras que los narcisistas improductivos viven sólo para satisfacer y alimentar sus necesidades de admiración y superioridad y todo lo que construyen está dirigido a eso estrictamente.
El liderazgo de Hugo Chávez: El narcisismo como fin
Sin dudas Chávez fue un líder de carisma arrollador y mucho magnetismo (desarrollados y perfeccionados con el paso del tiempo) que gozó, en momentos específicos de sus 14 años en el poder, de aprobación y popularidad envidiables, del tipo que muchos líderes quisieran tener a la hora implementar políticas innovadoras y arriesgadas.
Ese carisma y magnetismo le permitieron salirse con la suya en momentos de crisis, y daños a la reputación del gobierno que lideraba, en los que cualquier presidente del mundo democrático habría puesto su renuncia ante los ojos todos. Pero no Hugo Chávez, él siempre se consideró indispensable para Venezuela y no cedió jamás el liderazgo de su revolución, ni siquiera por motivos urgentes de salud.
Creerse invencible le llevó a hacer una campaña por la reelección a una presidencia que humanamente no podía ejercer, y basta releer con lupa sus palabras del 8 de diciembre de 2012 (día de su última aparición pública) para confirmar su carácter: enfáticamente dejó claro que el presidente seguía siendo ÉL, y que en el supuesto negado de que ÉL faltase, la opción era votar por “el encargado” del gobierno en su ausencia. Chávez se murió presidente aunque su ejercicio real del cargo se detuvo meses antes de su fallecimiento.
Por otra parte, constituyó y organizó todo de forma tal que pudiese gobernar a su buen saber y entender sin que otros poderes públicos y los mandos militares superiores le llevasen la contraria (dentro de la FANB movió cuidadosamente y pacientemente las piezas para que no quedase ningún militar activo con ascendencia ni jerarquía sobre él). El surgimiento de nuevos liderazgos con mérito y arrastre propios dentro de su movimiento estuvo intencionalmente trucado, y ejemplo de ello es el caso de Henri Falcón. Toda buena idea que tuvo para mejorar las condiciones de vida de su localidad le fue suprimida por el gobierno nacional (y tristemente nunca ejecutada), y en lo que su éxito como gerente público empezó a cobrar relevancia e independencia, pasó a ser un enemigo del régimen y un traidor.
Lo anterior va de la mano con el hecho de que nunca se ocupó de formar nuevos líderes de relevo a los cuáles pasarle el testigo en su ausencia. Para nadie es un secreto cómo cada elección regional, municipal y parlamentaria fue en los últimos 14 años un reto plebiscitario para Hugo Chávez quien organizaba las listas y los espacios regionales y locales como un tablero de colocación y movimiento de fichas. Fichas grises y relativamente anónimas que utilizaba para preservar SU presencia territorial, y que llegaban al poder sólo si ÉL les levantaba la mano. ¿Qué mejor ejemplo que el de la tristemente célebre Nancy Ascencio, hoy conocida como la agresora de María Corina Machado? ¿Era ella conocida por su trayectoria política y su labor legislativa antes de la golpiza del 30 de abril?
Ninguna decisión para la solución de problemas específicos se tomaba en ningún ministerio, u otra instancia de gobierno, sin la aprobación de Chávez. Más de una vez en cadenas nacionales ciudadanos comunes y corrientes rompieron protocolos y cercos de seguridad para manifestarle directamente su problema específico al líder, que ningún otro de los miles de miembros del gobierno pudo solucionar (como la falta de vivienda de los habitantes de los refugios). Sólo cuando ese ciudadano logró llegar al propio Chávez, su problema se solucionó por orden directa de él.
Todo lo anterior evidencia que Chávez no formó un equipo capaz de trabajar sin él a la cabeza, y que sus esfuerzos durante 14 años estuvieron realmente dedicados a acumular y alimentar simpatías y admiraciones halagadoras a su ser narcisista, dentro y fuera de Venezuela. Lo cierto es que Chávez fue bueno para las dádivas y concesiones perecederas, el discurso carismático sin fin, las amistades y personalismos en su política exterior, y las actitudes pendencieras discursivas contra imperialistas y enemigos simbólicos. Pero eso, aunque haya enamorado a muchos venezolanos realmente excluidos (y que por primera vez en años se sintieron tomados en cuenta), endulzado los oídos de los románticos izquierdosos del mundo, y atraído a los chulos ávidos de dinero y petróleo a cambio de amistad incondicional, no es propiamente un legado evidenciable. Son los esfuerzos de un hombre por estar bajo los reflectores siempre.
Es por eso que luego de 14 años Maduro tiene que hacer malabares para ofrecer como una meta alcanzable en el futuro vencer la inseguridad, como si se tratara de un nuevo gobierno. Un líder extraordinariamente carismático y apoyado tuvo 14 años para hacerlo, pero sus necesidades narcisistas lamentablemente pudieron más.
Lo cierto es que hoy todos padecemos las consecuencias de lo que Chávez nos dejó: un grupo de gente muy desorientada, sin mucha idea sobre cómo solucionar problemas urgentes que no han podido solucionar en años, aferrada a sus cuotas de poder, y sin ningún arraigo ni apoyo genuino en los ciudadanos Venezolanos porque el comandante supremo pensó que sería inmortal y no lo permitió.
[1]En la elaboración de este artículo se consultaron varias fuentes siendo la más orientadora el artículo en inglés “Narcisistic Leaders: The Incredible Pros, the Inevitable Cons” del autor Michael Maccoby, publicado en The Harvard Business Review, enero-febrero de 2000.
Última actualización el Lunes, 13 Mayo 2013 02:53
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Por Felipe Vallejos
Viajes y cumbres, recados a sus opositores y la búsqueda constante de reconocimiento y legimitación internacional. En eso se ha pasado Nicolás Maduro las primeras semanas de su gestión, ahogada por cacerolas, por Trending Topics y su boca, enemiga acérrima de darle un poco de tranquilidad a Miraflores por estos días.
La última jugada del sucesor de Chávez fue convocar a los estados miembros de Petrocaribe, alianza económica disfrazada de solidaridad que amarra a los países beneficiados de petróleo a cambio de lealtad política. Y es que Chávez, y ahora Maduro, han utilizado el preciado bien para potenciar una “Revolución bolivariana” que tal como dijo Vargas Llosa, agoniza de manera lenta y con avisos de terminar mal, muy mal para Venezuela.
Representantes de diversos países con tradición democrática y de discurso institucional, tienen que “agachar” la cabeza y besar el anillo. Las economías latinoamericanas, de vaivenes y desaciertos, dependen del oro negro y de las condiciones en las que reciben cientos de miles de barriles diarios. A eso Capriles le llama regalar, y muy lejos no está de la realidad.
Los números y las finanzas están ahí. Pocos países pagan el de por sí, favorable acuerdo, y se van endeudando de forma progresiva, siendo ancladas a un gobierno que a todas luces, tiene una sombra de ilegitimidad que calienta los ánimos en la sociedad venezolana, y amenaza con desestabilizar a toda la región, económica y políticamente hablando.
Casi 800 mil millones de dólares han pasado por Miraflores desde Chávez irrumpió con su revolución, y la mayor parte de ese dinero ha venido del petróleo, hoy, refinado a duras penas por PDVSA, politizada y arcaica, lejos de la innovación y la producción que requiere un país cuya subsistencia económica depende de ese recurso no renovable.
Los favores y las lealtades no son gratuitas. Todo es por intercambio, nada es por mera solidaridad. Ayer Chávez, hoy Maduro. El primero tuvo una época favorable, pero al segundo se le viene la noche, y la luz al final del túnel se le escapa tal como el orden y la paupérrima estabilidad social y política.
Lo de la Asamblea Nacional y los golpes fue el aviso de una bomba de tiempo. Con Chávez ya era preocupante, pero con Maduro el escenario se agrava. La revolución está en coma y el pueblo a la espera.
Hablemos @felipevallejos
Última actualización el Domingo, 12 Mayo 2013 23:42
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